Bañarte en perfume no siempre es la mejor solución para oler mejor

Un investigador de Ingeniería de UNSW explica por qué los productos de cuidado personal perfumados no siempre nos hacen oler mejor.

Todos percibimos los olores de manera diferente y es por eso que el perfume agradable de una persona puede ser un olor nauseabundo para otra, explica el Dr. James Hayes  de la Universidad de Australia (UNSW).

Existen una variedad de factores que influyen en cómo las personas detectamos el olor y estos pueden cambiar con el tiempo.

Los humanos percibimos el olor a través de las neuronas receptoras olfativas (ORN), ubicadas en la cavidad nasal, pero los ORN pueden cambiar su efectividad según la edad, la salud o el entorno de una persona.

Algunas zonas del cerebro que se utilizan para las emociones también procesan olores

«La capacidad de un humano para procesar el olor es diferente a la de otros mamíferos, como perros o roedores, que tienen grandes porciones de sus cerebros dedicados a detectar el olor.

»Muchas partes del cerebro humano han sido ocupadas para regular otras cosas, por ejemplo, las emociones.

»Entonces, a pesar de que estas áreas del cerebro se usan para las emociones, debido a que todavía están relacionadas con el olor, descubres que muchos olores afectan emocionalmente a las personas con bastante fuerza», afirmó el Dr.  Hayes.   

También tenemos recuerdos olfativos que suelen ser los primeros recuerdos que formamos, además de ser los más duraderos; por ejemplo, algunos olores particulares pueden recordarnos nuestra infancia.

El enigma de la fresa

Foto de pezibear en pixabay.

Enmascarar el olor corporal con productos perfumados para el cuidado personal, como perfumes o desodorantes, no necesariamente tiene el efecto de hacernos oler mejor.

«He examinado esto en mi investigación: es algo que llamo el ‘problema de la fresa’. Compara las fresas y los limones. El olor a limón es obvio y proviene principalmente de un químico, el limonero.

»Las fresas, por otro lado, tienen alrededor de dos docenas de químicos que son responsables del olor a fresa, pero el cuerpo no nos dice que está oliendo diferentes químicos, solo dice que está detectando la fresa», explicó el Dr. Hayes. 

Es decir que tener un solo químico en un limón, o múltiples químicos en una fresa, nos da el mismo resultado a nivel de olfato, simplemente identificamos la fruta y eso es todo. El resultado es debido al complejo procesamiento neuronal en nuestros cerebros. 

El Dr. Hayes dijo que el mismo principio se aplica a la mezcla de productos perfumados como el desodorante.

El desodorante podría estar hecho de múltiples productos químicos y lo detectaremos como un solo aroma en particular. Sin embargo, el cerebro todavía es capaz de dejar el olor a desodorante a un lado y al mismo tiempo notar el olor corporal. 

Otro problema con los productos perfumados es que las personas atribuyen ciertos aromas a situaciones negativas.

«Podría tener encuentros regulares con alguien con mal olor corporal que siempre usa un desodorante en particular.

»Usando el condicionamiento clásico de la psicología, asociará ese olor particular con una mala experiencia porque también huele el olor corporal de esa persona, sucede todo el tiempo», afirmó el Dr. Hayes.

El Dr. Hayes afirmó que dudaba de la efectividad del uso de productos perfumados para combatir el olor corporal no relacionado con afecciones médicas.

«En teoría, podría ser posible encontrar algún tipo de producto químico para eliminar el olor corporal y muchas compañías pueden afirmar que sus productos si funcionan, pero en realidad el desodorante solo puede ayudar con un olor corporal leve, y lo mejor que puedes hacer es practicar una buena higiene y vigilar tu dieta y tu entorno», concluyó el Dr. Hayes.

Foto en pxfuel

Otros factores para tener en cuenta

Otros factores sorprendentes también juegan un papel en nuestra capacidad para detectar el olor, incluidos nuestros antecedentes culturales y el género.

Las mujeres, en general, tienen una mejor capacidad para detectar el olor: la variedad de olores que pueden percibir es más amplia que la de los hombres y también perciben esos olores con más fuerza que ellos.

Nuestro sentido del olfato se deteriora a medida que envejecemos, pero parece suceder más rápido para los hombres.

Nuestra capacidad para percibir el olor comienza a empeorar a los 60 años, aunque existe una gran variación entre los individuos. 

«Hice un estudio que demostró que  fumar también cambia la percepción del olor. Algunas  condiciones de salud mental pueden incluso influir en el sentido del olfato de una persona », dijo el Dr. Hayes. 

Las diferencias culturales también influyen

«Es difícil separar las diferencias culturales de las genéticas, pero un estudio que presentó una variedad de olores a diferentes culturas de todo el mundo, mostró que las culturas que tenían poca experiencia con olores particulares tenían menos probabilidades de poder detectarlos.

»Por ejemplo, el estudio reveló que las  personas en Japón tenían dificultades para detectar el regaliz y todos los sabores de anís», explicó el Dr. Hayes.

Instinto humano

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A pesar de que muchos factores pueden afectar nuestra capacidad para percibir los olores, los humanos tenemos una comprensión evolutiva de si algunos olores particulares representan una situación segura o potencialmente peligrosa.

«Hay algunas cosas en la naturaleza que son muy buenos marcadores para que las evitemos, por ejemplo, las cosas que emiten azufre generalmente se descomponen o se pudren, tienen muchas bacterias, así que tenemos un impulso natural para evitar esos olores, entendemos que son malos.

»El amoniaco es otro que tiene un olor muy distinto y cuando está en concentraciones suficientemente altas, puede ser fatal, por lo tanto, hemos aprendido a mantenernos alejados de esas fuentes de olor, porque a la larga eso nos salvará», explicó el Dr. Hayes. 

Por otro lado, las cosas con olor agradable como las flores sugieren frescura y nos regalamos flores, lo que se relaciona con la parte emocional de nuestro cerebro de una manera positiva.

No obstante, existen ciertos gases y productos químicos que huelen bien o no tienen olor, lo que puede representar una fuente fatal porque no estamos en condiciones de diferenciar estas sustancias utilizando nuestro sentido del olfato: por ejemplo, el monóxido de carbono.

«Por lo tanto, la comprensión instintiva que tenemos sobre qué olores son seguros o inseguros es imprecisa, pero en términos de nuestra capacidad para detectar olores rancios como los azufres, somos muy buenos para detectarlos y tan buenos como el mejor equipo analítico disponible», concluyó el Dr. Hayes. 

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shloren

Comunicadora Social y Diseñadora 3D. Me apasiona la investigación de diferentes temas. Las tecnologías disruptivas y los proyectos que contribuyen a los cambios positivos para nuestro medio ambiente.

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