Estudio revela preocupantes concentraciones de químicos procedentes de microplásticos en tejidos de ballenas

La contaminación del medio marino por la basura compuesta de plásticos es una preocupación creciente.

Un reciente estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), constituye la primera evidencia de la acumulación en el organismo de las ballenas de una importante cantidad de compuestos organofosforados (OPFR), sustancias químicas que se usan como plastificantes (para dar suavidad al plástico) y retardantes de llama (con efecto inhibidor en la combustión).

Existen estudios que muestran que los compuestos organofosforados (OPFR) pueden causar daños neurológicos, disrupción endocrina, cáncer y problemas de fertilidad.

Se analizaron varias muestras de músculos de ballenas porque este cetáceo obtiene su alimento mediante filtración, lo que lo hace muy vulnerable a la basura marina.

Las ballenas son uno de los animales más grandes del planeta: pueden alcanzar una longitud de 27 metros y pesar 48.000 kilos. Además, realizan migraciones de largo alcance desde áreas de baja latitud en invierno a áreas de alta latitud en verano, un rasgo que las convierte en un biomonitor de contaminación a gran escala.

Las muestras para el estudio se tomaron en el oeste de Islandia: en total se analizaron 20 ballenas y 10 muestras de kril (su principal alimento) para evaluar la transferencia de OPFR a través de la dieta del cetáceo.

«Cuando la ballena se alimenta, lo hace filtrando el kril del agua lo que provoca que ingiera una gran cantidad de microplásticos, que una vez en su organismo desprenden esos productos químicos que se acumulan en sus tejidos», aseguró Ethel Eljarrat, investigadora del CSIC quien lidera la investigación.

«De los 19 OPFR analizados, detectamos 7 en los tejidos de las ballenas y 5 en las muestras de kril.

»El fosfato de tri-n-butilo (TNBP), el fosfato de trifenilo isopropilado (IPPP) y el óxido de trifenilfosfina (TPPO) fueron los compuestos más abundantes encontrados en ambas especies», concluyó el estudio.

Fuente: Organophosphate contaminants in North Atlantic fin whales.

Al encontrarse 5 de los compuestos analizados dentro de su alimentación principal (el kril) sugiere que la presencia de estos contaminantes en las ballenas es derivada principalmente de su dieta.

«Sin embargo, hay dos compuestos, el difenilcresilfosfato (DCP) y el tripropilfosfato (TPP) que se detectaron en los músculos de las ballenas pero no en las muestras de kril, lo que indica una fuente diferente de absorción para estos compuestos.

»Una posibilidad sería la presencia de micro- y macro-plásticos en los océanos, los cuales, una vez ingeridos por la ballena, liberan los aditivos químicos (es decir, DCP y TPP) que son transferidos a los tejidos de la ballena», dijo Ethel Eljarrat.

Los plastificantes organofosforados se empezaron a utilizar en los años 60 del pasado siglo. Su uso aumentó cuatro décadas más tarde, cuando se propusieron como alternativa a los polibromodifenil éteres (PBDEs), otros retardantes de llama que fueron prohibidos por la Convención de Estocolmo en el año 2009 debido a su elevada toxicidad.

«Aunque a día de hoy no se conocen los efectos tóxicos de todos y cada uno de estos contaminantes, si se tiene constancia de que el TBP posee potencial para provocar daños neurológicos, disrupción endocrina, efectos cancerígenos y efectos adversos en la reproducción», explicó Ethel Eljarrat.

A nivel mundial, apenas existen seis trabajos relacionados con la presencia de estos contaminantes organofosforados en cetáceos. Este es el tercer estudio que lleva a cabo el grupo de investigación que lidera Eljarrat y que muestra que se trata de un problema global que afecta a diferentes mares y océanos. 

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shloren

Comunicadora Social y Diseñadora 3D. Me apasiona la investigación de diferentes temas. Las tecnologías disruptivas y los proyectos que contribuyen a los cambios positivos para nuestro medio ambiente.

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